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miércoles, 3 de octubre de 2018

Mi hijo no se adapta al colegio


Hola mis Supers,

Quiero empezar explicando, que en España, la escolarización NO es obligatoria hasta los 6 años, es decir hasta primero de primaria. Os lo comento porque sois muchas, las que me lo habéis preguntado y muchas de vosotras, pensábais que es obligatoria desde los 3 años o P3.

Como muchas ya sabréis, Superpeque ha empezado el colegio hace apenas unas semanas en P3.
Siempre comentamos y es sabido, que cada niño es un mundo y las cosas que te funcionan con un hijo, no tienen que funcionarte con otro.

Superpeque es un niño muy atento, súper activo y con muchas ganas de aprender desde siempre.
Ya llevaba desde hace bastante tiempo, con muchas ganas de ir al colegio. Le habíamos explicado que haría en el colegio, cual sería su rutina, lo que aprendería y habíamos estado dándole pinceladas sobre que iba a ser el colegio, para que no le pillase de improviso y conociese un poco sobre ello.

La adaptación escolar

En nuestro caso, comenzamos esta etapa con muchas ganas. Tubimos una entrevista personal, con la profesora que iba a tener en la que estubimos los tres presentes, para que se conociesen, viese su clase y así no entrase el primer día a lo desconocido, sinó habiendo tenido un contacto previo.
En esa ocasión, estubo muy contento, se puso a jugar enseguida y a trastear los juguetes, estubo hablando con su profe y fue todo genial. Tanto fue así, que se puso a llorar cuando tubimos que irnos, porque quería quedarse allí y no quería irse a casa. ¿Os lo podéis creer? Quería quedarse allí aunque fuese solo.

Empezamos el curso con lo que llaman adaptación, aunque de adaptación tiene poco y es, en mi humilde opinión y entre nosotras, es un periodo demasiado corto para que nadie sea capaz de adaptarse a nada. Pero esto es así en España y es lamentable. No os imagináis la de mamás que me habéis escrito y comentado vuestro disgusto con este tema y lo en contra que estáis de él, al igual que yo.

En España nos queda muchísimo por aprender en Educación en temas como la adaptación, la conciliación y claro está, en lo que a maternidad y paternidad se refiere.


Llegó el primer día de cole

Nuestro primer día de cole, al igual que el segundo, fué una mera cata de lo que estaba por llegar. Sólo fué una hora y veinte minutos de juegos y de conocerse y familiarizarse con el entorno. Fué como cocinar un plato escondiendo las verduras o camuflándolas, para servirle poco después, un plato entero de ellas sin aliños ni condimientos y en este caso no de lentejas, que si quieres las comes y sinó las dejas, sinó que o te las comes o al día siguiente te las vuelven a poner otra vez y así día tras día.

En estos dos días, Superpeque salió de lo más contento y feliz y con ganas de ir al colegio al día siguiente, pero ¡Ay ilusa de mí! el viernes cambió todo.

Apuntar al comedor a mi hijo y dormir la siesta

El fatídico viernes llegó, como las primeras gotas de lluvia, avisando tempestades. Aunque no era partidaria en un principio y por motivos personales, de apuntarlo al comedor, finalmente decidimos apuntarlo y el tercer día de colegio, que pasó a ser una jornada de 6 horas intensivas e "intensitas" se quedó a comer por primera vez.

Llegué casi media hora antes a recogerlo y su clase tiene unas ventanas que dan a la calle, desde las que podía escuchar llantos desconsolados, gritos y todo tipo de sentimientos en lo que se suponía que era el rato de la siesta y de descanso para ellos. Tenía un nudo en el estómago y aguantaba mis ganas de llorara para que él no notase absolutamente nada cuando llegase el momento de recogerlo.

Cuando fui a recogerlo ya no era el mismo. Estaba sentadito en una silla, con su mochilita puesta y mirando al infinito, pero sin una lagrima. Hay niños que lloran y expresan sus sentimientos, pero tal y como pude ver en su preciosa cara, él aguantó todo el día allí, no lloró, no dijo nada, hasta que me vió asomar la cara y decir su nombre. Se lanzó a mis brazos y lloró desconsoladamente durante un buen rato, que si bien fué largo a mí se me hizo eterno. Entre lagrima y lágrima suspiraba profundamente intentando coger aire para seguir llorando.

Ya no quería saber nada del colegio, ni de sus compañeros, ni explicar cómo le había ido, ni hablar sobre nada con nosotros, con lo hablador que es, que habla hasta por los codos. Esa fué la primera señal de lo que estaba por llegar.

La primera semana en el colegio 

El primer fin de semana tras el fatídico viernes, no durmió bien, en realidad ninguno lo hicimos. Su única preocupación era, saber si el lunes tendría que volver al colegio y el porqué debía hacerlo.

La jornada escolar se le hace muy larga, no se relaciona demasiado con otros compañeros y juega más bien solito y me preocupa. Su profesora me comenta que aguanta el día como puede, pero que se limita a aguantar el día. Pregunta constantemente cuando serán las cuatro y media, cuando iré a buscarlo y poco más. También he de deciros, que si para unas cosas es positivo, también es negativo en otros aspectos que sea de enero, ya que es de los más mayores de la clase o el más mayor y en estas edades, si se nota mucho la diferencia.

No he llevado a mi hijo a la guardería 

Muchas veces he pensado si le hice un flaco favor al no llevarlo a la guardería y tenerlo conmigo todo este tiempo.
Quiero deciros, ya que muchas me habéis preguntado, que aunque en muchas ocasiones ayude a la adaptación escolar, no todo tiene que ver con haberlo llevado o no a la guardería. Sé de otras madres, que han llevado a la guardería a sus hijos desde muy pequeños y lo están pasando igual de mal para adaptarse que Superpeque o incluso peor.

Hay niños que tienen mucho apego a nosotras como el mío y no llevan bien la separación. También quiero deciros que esto es una etapa más y como tal, ya sean positiva o negativa, con el tiempo se va estabilizando y calmando y al final se pasa para dar paso a otras. Es lo mismo que pasa con los cólicos, con el pañal o con las rabietas, ya me entendéis.

No me arrepiento de no haberlo llevado a la guardería. No podría haber disfrutado de tantos momentos que hemos vivido y aprendido con él y de él. He podido permitirme tenerlo conmigo y he querido hacerlo. No soy nada niñera, ni nunca lo he sido, pero adoro a mi hijo y disfruto muchísimo cada instante que paso con él y no lo cambiaría por nada.

Sigue sin adaptarse al colegio


He leído mucho sobre el tema y me he informado. Hemos utilizados técnicas, para que muestre sus sentimientos y los exprese. Estamos todos trabajando muy duro para que se adapte y he de deciros, que hay que valorarles el tremendo esfuerzo que hacen para adaptarse. Al fin y al cabo, ellos son los que peor lo pasan, son muchos cambios y son muy pequeños para comprenderlos y en mi caso, muy listo como para conversar y responder y rebatir todo lo que le explico.

Quiero deciros que aunque él no lloró los primeros días, si lo hizo y lo sigue haciendo después. Espero que se adapte y pueda disfrutar de lo que pueden aportarle en el colegio, que yo no podía hacerlo en casa. Quiero que se relacione y disfrute de tiempo con otros amiguitos de su edad. Hay días que parece que vamos mejorando, pero al día siguiente cambia y volvemos al disgusto. Esperamos que poco a poco haya más días buenos y positivos, que malos y duros.



Supermamis, qué duro esto de la adaptación cuando no se adaptan.


Quiero compartir con vosotras algunas técnicas y recursos que he ido recopilando y que hemos ido utilizando y otros que vamos a probar para seguir facilitando todo lo que pueda este proceso, acompañándolo y entendiéndolo, para que aunque no vaya contento y yo no pueda estar allí presente todo el día, sepa que de alguna manera estoy con él, que yo también lo echo de menos, cuánto lo quiero y valoro su esfuerzo y cómo de orgullosa me siento de él cada día.

Voy a preparar un post con todos estos recursos que os comento, técnicas y demás trucos para la adaptación y facilitar el proceso.

Feliz tarde a todas y ánimo






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